He escuchado esa frase en repetidas ocasiones, en diferentes contextos, durante 23 años. A veces de alguna tía para referirse a que había crecido. Otras veces, de algún amigo que hace años no veía y quería hacerme saber que me veía bien. Pero últimamente, parece que las personas me lo dijeran como si se tratara de un insulto.
Pues bien, quiero que sepan que, a pesar del tono de tristeza o incluso desprecio con que algunos me hablan, para mí es un halago.
Sí, cambié. Cambié porque crecí para entender que la vida no es lo que me dijeron cuando fui niña. Cambié porque aprendí que hay que sentir cosas malas para apreciar las cosas buenas. Cambié porque fue necesario para mantenerme viva en un mundo que defraudó mis expectativas. Cambié porque sentí el dolor hacer su entrada triunfal por cada una de las venas de mi corazón, y fue necesario ajustarme a la realidad.
También cambié porque sentí la euforia que viene con las primeras veces.
La primera vez que me fui de mi casa, una noche, sentada a la ventana de un bus, realmente sola por primera vez, viendo las luces de la que en pocos minutos dejaría de ser mi ciudad.
La primera vez que viví sin mi familia, en una ciudad fría y nueva, pero con la compañía de amigos que, no sabía, se convertirían en mi nueva familia.
La primera vez que tuve un trabajo que amaba, y la primera vez que tuve un trabajo que todos los días me hacía querer salir gritando lo mucho que lo despreciaba.
La primera vez que tuve sexo y, algunos años después, la primera vez que hice el amor con alguien que sostuvo mi mano jurando que me quería.
La primera vez que tuve una relación de verdad. La primera vez que fracasé en el amor. La primera vez que me fui a vivir con mi novio...
La primera vez, la primera vez, la primera vez. Cada una de ellas me hizo cambiar, poco a poco, como un vaso que se va llenando con gotas tan pequeñas, que no lo notas sino hasta que está a la mitad. Si te pasó sabes que al principio no te das cuenta, ni tú ni quienes están a tu alrededor. Pero de pronto un día, te vuelves a encontrar con alguien a quien solías querer mucho, pero con quien dejaste de hablar, y después de hablar un rato te dice "antes eras...". Al principio lo niegas, porque te lo dijeron con tono de tristeza y no quieres creer que te defraudaste a ti mismo, pero después de ir a casa lo piensas un poco y te das cuenta que tal vez tenían razón cuando te dieron a entender que "solías ser mejor que eso".
Pero la gente no sabe, porque no se toman el trabajo de ponerse en tus zapatos y entender que la vida te hizo de otra forma, y seguramente a ellos también aunque no lo hayan notado aún. Nadie debería sentirse mal ni disculparse por ser diferente a como era hace un año, un mes o un minuto, porque no es malo, es solo la forma como hacemos frente a los caminos.
El universo en sí mismo no es estático. Todo está en movimiento, desde las más pequeñas partículas, hasta las grandes galaxias. Y en la mitad de todo eso, nosotros mismos, siendo un reflejo de lo inmenso y lo imperceptible, estamos vibrando constantemente.
No importa si decepcionas a otros, lo que sí importa es que seas conscientes de tus propios cambios, que los aceptes con amor, y si no estás conforme, estar dispuesto a volver a cambiar. No cambiar, eso sí debería ser preocupante.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
Sobre las reacciones desmedidas frente al resultado del plebiscito
Que difícil decir algo que no haya sido dicho de un tema tan comentado como el plebiscito por la paz en Colombia, que ayer 2 de octubre perdió con el 50.2% de votos en su contra. Ayer fuimos muchos los que derramamos lágrimas al conocer el resultado oficial del conteo, y sentimos el corazón romperse (sí, el corazón, para los que preguntan en qué parte del cuerpo es que "duele el país") cuando despertamos de cara a un resultado diferente al que anhelábamos.
Tuve muchos sentimientos en pocos minutos. Primero incredulidad, luego tristeza, rabia e impotencia. En medio de mi dolor me fui a las redes sociales, donde encontré comentarios de triunfalismo y soberbia por parte de los partidarios del Centro Democrático. Aquello terminó de desatar lo que estaba tratando de contener, y en medio de lágrimas escribí comentarios como aquel que citaba a César Augusto Londoño en 1999, tras el asesinato de Jaime Garzón.
Obviamente recibí muchos comentarios reprochando mi actitud frente al asunto, así que este mensaje es para ellos. Para los que me dijeron que me desconocían (aunque no los conozco sino de saludo), para los que me dijeron "esa platica se perdió" (aunque ni siquiera fueron a votar), y para los que me acusaron de creerme mejor que los demás por haberme documentado respecto al plebiscito. Aunque también es para los que con amor, me recordaron que a pesar de la falta de conciencia de nuestros ciudadanos, este no es un país de mierda y que, aunque pobre, todavía queda una gota de esperanza.
Lo anterior no para justificarme a mí, pero sí para que los que se sintieron ofendidos por mí o por otra persona de su círculo social que comentó de forma similar, comprendan que uno no mide sus palabras cuando la rabia es tan desbordante. Quiero que sepan que aunque eliminé a un par de personas de mi Facebook (no los que me dieron sus argumentos, sino a los que se burlaron descaradamente del dolor ajeno y que igual nunca me habían caído bien), entiendo que las relaciones humanas no deben romperse sobre asuntos de política, y lo digo sobre todo refiriéndome a mi familia, que en su mayoría no estaba de acuerdo con mi voto.
Sí, no estoy de acuerdo con ustedes. Sí, estoy convencida profundamente de que se equivocaron de voto. Sí, creo que debieron haber leído más. Pero no, no me creo mejor que ustedes. Ni los odio. Ni pienso que deberían ir a la guerra y morirse. Así que si eso fue lo que creyeron, me disculpo con el alma, porque yo sí quiero la paz, y estar decepcionada de mi país (porque lo sigo estando), no me hace ser una violenta que quiere la guerra como lo han insinuado las imágenes que rondan hoy por las redes sociales. Simplemente me hace ser más consciente de que el país necesita un cambio para el que aparentemente no estamos listos, y me hace ver por qué hemos tomado todas las decisiones políticas erráticamente desde que existimos como país.
Decepcionada estoy, pero mi espíritu amaneció hoy con el halo de esperanza que lo caracteriza, y aunque nos falten 50 años más para lograr la paz, yo seguiré votando Sí las veces que sea necesario.
martes, 24 de mayo de 2016
The feeling of not being good enough.
Nothing ever hurt me as badly as the feeling of being falling behind in life, look back and feel that the whole last year has been wasted, is my punishment for not being good enough.
Life is tough, I knew that. At least that’s what they always say. They told me I had to be tough as well, and I believed I could so. But I had never truly needed to be so. Until now.
Now I’m standing here, feeling I’m dying inside, watching everyone else go on, doing something, being someone, While I’m crying as I now I can’t reach them anymore.
Not good enough for this world, not good enough for this career, not good enough for this life.
Maybe I deserve it. Maybe we all get an amount of happiness for life, and I already used mine. Maybe I was so happy for the first 22 years of my life, that I have nothing left.
I just hope we also have an amount of sadness, so I can use it all and then stop feeling.
Life is tough, I knew that. At least that’s what they always say. They told me I had to be tough as well, and I believed I could so. But I had never truly needed to be so. Until now.
Now I’m standing here, feeling I’m dying inside, watching everyone else go on, doing something, being someone, While I’m crying as I now I can’t reach them anymore.
Not good enough for this world, not good enough for this career, not good enough for this life.
Maybe I deserve it. Maybe we all get an amount of happiness for life, and I already used mine. Maybe I was so happy for the first 22 years of my life, that I have nothing left.
I just hope we also have an amount of sadness, so I can use it all and then stop feeling.
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