Tuve muchos sentimientos en pocos minutos. Primero incredulidad, luego tristeza, rabia e impotencia. En medio de mi dolor me fui a las redes sociales, donde encontré comentarios de triunfalismo y soberbia por parte de los partidarios del Centro Democrático. Aquello terminó de desatar lo que estaba tratando de contener, y en medio de lágrimas escribí comentarios como aquel que citaba a César Augusto Londoño en 1999, tras el asesinato de Jaime Garzón.
Obviamente recibí muchos comentarios reprochando mi actitud frente al asunto, así que este mensaje es para ellos. Para los que me dijeron que me desconocían (aunque no los conozco sino de saludo), para los que me dijeron "esa platica se perdió" (aunque ni siquiera fueron a votar), y para los que me acusaron de creerme mejor que los demás por haberme documentado respecto al plebiscito. Aunque también es para los que con amor, me recordaron que a pesar de la falta de conciencia de nuestros ciudadanos, este no es un país de mierda y que, aunque pobre, todavía queda una gota de esperanza.
Lo anterior no para justificarme a mí, pero sí para que los que se sintieron ofendidos por mí o por otra persona de su círculo social que comentó de forma similar, comprendan que uno no mide sus palabras cuando la rabia es tan desbordante. Quiero que sepan que aunque eliminé a un par de personas de mi Facebook (no los que me dieron sus argumentos, sino a los que se burlaron descaradamente del dolor ajeno y que igual nunca me habían caído bien), entiendo que las relaciones humanas no deben romperse sobre asuntos de política, y lo digo sobre todo refiriéndome a mi familia, que en su mayoría no estaba de acuerdo con mi voto.
Sí, no estoy de acuerdo con ustedes. Sí, estoy convencida profundamente de que se equivocaron de voto. Sí, creo que debieron haber leído más. Pero no, no me creo mejor que ustedes. Ni los odio. Ni pienso que deberían ir a la guerra y morirse. Así que si eso fue lo que creyeron, me disculpo con el alma, porque yo sí quiero la paz, y estar decepcionada de mi país (porque lo sigo estando), no me hace ser una violenta que quiere la guerra como lo han insinuado las imágenes que rondan hoy por las redes sociales. Simplemente me hace ser más consciente de que el país necesita un cambio para el que aparentemente no estamos listos, y me hace ver por qué hemos tomado todas las decisiones políticas erráticamente desde que existimos como país.
Decepcionada estoy, pero mi espíritu amaneció hoy con el halo de esperanza que lo caracteriza, y aunque nos falten 50 años más para lograr la paz, yo seguiré votando Sí las veces que sea necesario.