viernes, 25 de diciembre de 2015

El cariño es infinito, el dolor también.

Tengo la mala costumbre de no hablar, de guardar mis sentimientos para mí y no compartirlos con nadie. Es cobardía, mi mayor defecto, y peor aún, decirlo todo un día cualquiera, sin que nadie lo espere, sin pensarlo siquiera, con la ira rebosada por un detalle insignificante, que hace que las palabras salgan de mi boca como lava ardiente sin reparar en el daño que hacen.

Por eso escojo este día, antes de que pase cuando no pienso, para decirte todas las cosas que callé y necesitaban ser dichas.

Mi mala memoria me impide enumerar las veces que me lastimaste, pero las cicatrices quedaron, en ambas partes, y se abren con una palabra mal dicha un día cualquiera. Me equivoqué al pensar que la vida sería como en las películas, y que al reconocer mi error, tú también lo harías con el tuyo. Cada vez que me disculpé recibí otro reclamo a cambio, y mi corazón terminó cansado de esperar un arrepentimiento de tu parte.

Renuncié a intentar arreglar viejas heridas, y en lugar de eso quise empezar de cero. Pero el dolor persistió tanto en ti como en mí, y no pude soportar otra queja de lo difícil que era tu vida cuando la mía se derrumbaba a mi alrededor sin que lo notaras. Mencionar mis problemas y escuchar como tú la tenías peor me siguió cansando hasta que decidí alejarme de tu vida, pues prefería una distancia momentánea que brindarte una amistad hipócrita. Entiendo que por eso dejaste de contarme también lo bueno de tu vida.

No fui perfecta. Sé que fallé mil veces y después fallé en arreglarlo, pero no estoy dispuesta a cargar sola con la responsabilidad de una amistad que entre los dos ensuciamos, arañamos y lastimamos de a poco hasta hacerla tan poco que ninguno quiso agachar la cabeza.

Y aunque las cosas nunca vuelvan a ser como antes, como cuando éramos más jóvenes, inocentes y nobles, el recuerdo de lo que fue merece ser venerado por la pureza del sentimiento, sin resentimiento y más bien con todo el amor que se puede dedicar.

Por eso con este año muere el dolor que me quedó, y lo único que te pido es seguir siendo parte de tu vida, de lo bueno y de lo malo, de lo que te hizo llorar cuando no me llamaste, y lo que te hizo feliz cuando no me dijiste.

No espero que te disculpes, porque yo ya no lo haré, pero sí espero algo de ti: No me ocultes más lo que pasa en tu vida, que yo no lo hago con la mía. No quiero sentir que soy tu rival, porque aún soy una amistad, una que se transformó.

jueves, 3 de diciembre de 2015

No valemos más, ni valemos menos

Si hemos de determinar el antónimo de machismo, ese sería el 'hembrismo':  abogar por el matriarcado y la predominancia de las mujeres sobre los hombres. Feminismo es más bien el equivalente de 'masculinismo', si existiera.

Si durante siglos y milenios hubieran sido ellos los abusados, maltratados, menospreciados, ignorados y desechados, y pelearan por la igualdad de sus derechos, mientras nosotras nos reímos en sus caras, esa sería la causa del masculinismo. Las mujeres no entenderíamos por qué se indignan, y se sienten vulnerados cuando una extraña les hace un comentario inapropiado, en lugar de tomarlo como un halago.

No hubiéramos entendido el siglo pasado para qué querían votar, si nosotras podíamos representarlos bien. Nos hubiera parecido lo justo tener todo el derecho sobre nuestros hijos, y privarlos a ellos de verlos sin otra razón más que nuestro capricho. Hubiéramos sabido que era de lógica que nuestro trabajo valiera más que el de ellos.

Ellos habrían sido quienes lucharan por sus derechos, y hubieran ganado, como nuestras antepasadas ganaron... Y también hubieran quedado secuelas, como con las que aún lidiamos.

Secuelas como el anciano en la camioneta que se cree con derecho de decirnos cualquier cochinada sin que podamos protestar porque nos da miedo su reacción. Como el tipo en el bar de la mirada vulgar que casi nos devora con sus ojos depravados y nos hace sentir mal por la ropa que escogimos. Como la incomodidad de hablar sobre lo que nos dijeron o hicieron, porque tal vez fue nuestra culpa, o simplemente porque es normal que esas cosas ocurran.

La razón por la que hoy suena más el asesinato de una mujer es porque hasta hace pocas décadas no teníamos voz. Hace poco que, ante la ley, nuestras vidas adquirieron el mismo valor que las vidas de ellos. Somos diferentes en muchos aspectos, pero no en nuestro valor.

Si logramos entender eso, podemos cambiar el significado de 'damas y caballeros' para que dejen de ser 'las que se ven bonitas y se portan bien' y 'los que hacen cosas por las que se ven bonitas y se portan bien'.

Un caballero cede el puesto a cualquiera, no a ella para conseguir su teléfono. Un caballero le abre la puerta a cualquiera, no a ella para verle el culo. Un caballero es gentil con cualquiera, no con ella porque tiene senos. Una dama también abre la puerta, cede el puesto y es gentil.

El feminismo no busca el poder. Busca la igualdad, en las cosas que somos iguales.