Hoy es una noche para no pensar, una noche en la que
quisiera poder encerrarme en una burbuja
construida a base de las mejores cosas de mi vida que contrarrestaran lo
menos-lindo de este día. Lastimosamente, no me he tomado el tiempo de edificar
esa burbuja, así que me conformo con una cama, una pijama y un computador, que
a fin de cuentas resultan ser todo lo necesario para desahogar mis lágrimas
inexistentes, que por hoy se desvanecen de mis ojos y se transportan a una
pantalla de 15.6” que basta para retener el agua dentro de mi cuerpo.
Así es como convierto cada lágrima en una palabra, palabras
que describen mis fracasos, mis defectos y mis tristezas, palabras que son
suficientes para deshacerme del dolor pero no lo suficiente como para traer
consigo una sonrisa. Palabras al fin y al cabo, que terminarán en algún baúl
que nadie nunca volverá a recordar, pero que en este instante construyen mi
camino a la reflexión.
Entonces, medito sobre mis fracasos y cómo uno a uno me
hacen perder la confianza en mí misma. Pienso también en mis defectos, en cómo
me llevan a cuestionar mi existencia. Mentalizo además mis tristezas que me
hacen pensar en lo que he dejado atrás. Y solo en ese momento de silencio
absoluto veo la perfección de mi vida
por fuera de la burbuja que soñé.
Una vida donde mis fracasos son la prueba inminente de mi
perseverancia, al intentar obtener más de la vida e insistir en levantarme cada
vez que tropiezo. Una vida donde mis defectos son el motor que me impulsa a querer
ser solo lo mejor de mí y a arrancar trozos de mi naturaleza para dejar mi
mejor versión. Una vida donde mis tristezas son también mis alegrías, pues lo
que me ha sido arrancado, se convierte en el fruto de lo que he sembrado.
Y miro esa vida, tan llena de imperfecciones que solo puedo
sonreír al verlas convertirse en todo lo
que tengo por agradecer, pues son las que seguirán enseñándome a vivir
entregando todo lo bueno que tenga para ofrecer.
Por una vez, no encuentro una canción suficientemente
perfecta para lo que siento. Por una vez, no encuentro un abrazo tan alentador como
desearía. Por una vez no encuentro la respuesta a lo que necesito. Pero por una
sola vez me encuentro dentro de mi propia vida, y ya no estoy extraviada
buscándome dentro de personas que parecen conocerme más de lo que yo misma me conozco.
Por una sola vez me encuentro.
Hoy es una noche para no pensar… No pensar más que en el
sonido de mi respiración, y el sentido de mi vida.
Con amor;
Sarah