Lo miré, encantada como estaba,
me concentré en esa mirada inocente, que se perdía en medio de su sonrisa
maliciosa. El solo hablaba con una naturalidad exquisita sobre cómo marchaba su
vida… En ese momento exacto debía estar diciendo algo sobre la noche anterior,
tal vez hablaba sobre la chica que conoció en el bar mientras sonaba alguna
canción de Bunbury, pero yo no lo sabía, porque solo podía pensar en lo
perfecto que era el hoyo en su mejilla, y lo adorable que era que se despeinara
el cabello con los dedos como por inercia, ya un hábito característico de él
que guardé cuidadosamente detrás de mi mente, a donde acudía cuando quería
sonreír.
Lo conocía tan bien, que casi
podía predecir qué iba a decir a continuación, o qué gesto iba a poner. Él lo
sabía, que yo hubiera hecho cualquier cosa por él, pero tenía alguna excusa
barata sobre políticas de amistad, solo excusas, nada nuevo para mí, yo ya
había estado antes en esa posición, con el mismo sentimiento. No era la primera
vez que ocurría, que la persona a la que yo adoraba con el alma, quisiese que
yo fuera su mejor amiga. Me causaba una gracia amarga, el hecho de que el común
denominador de las amistades de sexos opuestos, sufrieran de que las mujeres
esperanzadas en el amor, tomaran a los mejores hombres como sus amigos y nada
más, pero ahí estaba yo, en la posición contraria, escuchando cómo a él lo
habían lastimado y cómo, aunque no lo aceptara, tenía miedo de que eso
estuviera a punto de pasar.
Algunas personas lo llaman
nobleza, otras lo llaman cobardía, a mí me bastaba con el cariño que sentía
hacia él, para ser lo que él quisiese que yo fuera, y si quería que fuera su mejor
amiga, ahí estaría yo, fingiendo una sonrisa con cada historia de fin de semana
que contaba, abrazándolo cuando lo necesitara, riéndome de sus chistes… Adorando la forma en que caminaba, como un
niño que piensa que ya es adulto.
Solo otro escrito sin terminar, mientras dure…
No hay comentarios:
Publicar un comentario