lunes, 8 de septiembre de 2014

Kore


"You are the books on your shelf 
and the song lyrics sharpied on your arm."
Lizzie Benson


Kore no lo podía creer, no podía creer que eso le estuviera pasando. A ella, que toda la vida se había esforzado en cuidar su corazón para que nadie lo dañara, ahora estaba en el piso del baño desalojando el dolor por sus ojos. Se levantó, se miró al espejo, odió lo que veía en él, derramó otras dos lágrimas y se lavó la cara mientras se preguntaba por qué no podía ser más como su madre, más fuerte, más valerosa.

Dejó caer el peso de su torso sobre sus manos apoyadas en el lavamanos y pensó otro momento en la ironía que era su vida, en cómo nunca había abierto la puerta de su corazón para que nadie entrara, y resultó que el que lo laceró no necesitó abrir la puerta, porque nació ya adentro.

Finalmente, como una sarcástica metáfora, abrió la puerta del baño, subió las escaleras y se encerró en su habitación. Abrió el balcón para que el aire la abrazara y se acostó a mirar hacia el techo. Sus ojos se hicieron salados de nuevo, pero se contuvo. Se puso sus audífonos y encendió su iPod tratando de ahogar los pensamientos que la asediaban, hasta que el sueño la venció en una batalla que ella quería perder.


Estaba en los columpios cuando se lo dijeron, su padre llegó corriendo y la abrazó con una sonrisa entre las lágrimas. “Ya están aquí”, fue lo único que atinó a decir. La tomó de la mano y la guió hasta la sala de una pequeña casa a la que habían llegado el año anterior. Estaban aún en el pasillo cuando él se detuvo, y ella, que venía casi corriendo con sus pequeños piesitos tras él, se estrelló con sus grandes piernas. Se quedó ahí, escondida hasta que reunió el valor para asomarse, y lo vio.

Mentiría si dijera que fue amor a primera vista, más bien ella no podía creer que de ‘eso’ era lo que le habían estado hablando durante tanto tiempo, sentía como si hubiera sido toda su vida. Un grito ensordecedor hizo a todos los demás en la habitación sonreír, y Kore, aturdida, solo se tapó los oídos. No entendía lo que sentía, pero ella lo hubiera descrito como fastidio.


Despertó sudando, se quitó la sábana que la ahogaba, apagó la música que ahora la molestaba, y de prisa salió al balcón para recuperarse. Miró al cielo pero no había luna ni estrellas, miró a la calle y estaba desierta. Se preguntó qué hora era y si él ya habría llegado, así que se devolvió, abrió la puerta, caminó por el pasillo y se asomó a la habitación de al lado. Vacía. Resopló y volvió a acostarse.

Intentó la misma estrategia para dormir de nuevo, subió el volumen de la música para que sonara más fuerte que sus pensamientos, y se concentró en la letra de la canción. The world seemed so old, careles and cold. Se preguntó si había sido un sueño o un recuerdo. Had the world by the tail, good would prevail. Parecía tan real. And we tried to survive travelling at the speed of love.  Pero no era posible. When we adored the fabulous. Habían pasado casi veinte años. We were foolish fearless. Nadie tiene recuerdos de cuando tenían dos. Never knowing the cost of what we paid, letting someone else be strong.


Ahora corrían en el jardín, en una carrera. Se aprovechaba por supuesto de su ventaja; era más alta, más rápida, y lo sabía. Pronto llegó a la meta mientras el rezagado se había rendido en la mitad del campo. Molesto volvió a la casa a cumplir su penitencia. Lavaría los platos subido en la silla para alcanzar el fregadero, mientras ella veía televisión. Otra vez.


Despertó de nuevo, ahora con remordimiento. Eso lo recordaba, habrían pasado ya unos diez años pero la misma escena se había repetido tantas veces en su infancia que nunca podría olvidarla.  Miró el reloj. 5 a.m. Se levantó de nuevo para asomarse a la habitación contigua. Ahí estaba. Tirado en su cama, con la misma ropa con que había salido hacía horas. Olía a aguardiente y cigarro, lo usual. Kore lo miró con la culpa que dejó el recuerdo de sus sueños, y el amor que más la hería. Se recostó en el marco de la puerta, sintiéndose responsable de que las cosas fueran de ese modo. Suspiró. And the innocent are getting over being old tonight.


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