Un amigo me dijo que le gustaba mi mentalidad, y yo con la curiosidad a flor de piel pregunté cuál es esa forma de pensar que tanto le gusta, porque no he podido descubrir aún como funciona mi pequeña cabeza pelirroja.Mi amigo respondió lo siguiente: (textualmente)
"Jajaja no se, eso que sos, eso que se ve, eso que atrae, eso que uno dice "mama mía, que joven, que niña", eso que agrada y uno se enloquece. No sé qué es pero así lo defino"
A partir de ahí nos extendimos en una larga conversación en la que descubrí muchas cosas de mi que tal vez sabía, pero no las había analizado de esa forma. Me di cuenta, aunque mi amigo no se encuentra de acuerdo, de que para nada es una ventaja ser de esa forma que él dice que soy, y yo misma se que sí soy así. En ocasiones disfruto mucho esa forma que me hace única entre las demás personas. Amo cuando me dicen que mi sonrisa es contagiosa, que impregno el lugar al que llego con mi alegría, que mi rostro resplandece de felicidad... Incluso me gusta cuando personas antipáticas me dicen que les irrita que siempre este tan feliz, que siempre ría.
Para los que aún después de tantas entradas, no se han dado cuenta, explicaré como soy. Es como cuando eras un niño pequeño, y vivías en un mundo de cristal en el cual todo era perfecto, en donde no debías aparentar nada porque nada importaba sino solo lo que tu querías ser, y todos te querían por ser así. Al parecer yo me quedé estancada en esa etapa de mi vida.
Muchos dirían que es tierno, que alguien me querría por ser tan parecida como se puede a una princesa, y me tratarían como tal. Por mi sinceridad, por mi carisma, por mi hermosura. Es parte de lo que soy. Pero aunque todos lo hacen, yo misma no me defino como una princesa. Más bien soy como la muñeca de porcelana exhibida en una sala de exposiciones, esa a la que nadie se puede acercar por ser tan frágil como los sueños, tan delicada como la seda, tan pura que nadie se cree merecedor de su mirada. Incluso ninguno se atreve si quiera a respirar cerca de ella por puro temor, pues su apariencia hace pensar que con la más mínima brisa rosando su tez se podría quebrar, y a todos les da miedo ser quién cometa tal crimen.
Es cierto, así soy. Quebrantable como un castillo de naipes. Transparente como el amor. Inocente como la más desinteresada de las intenciones. Más que una universidad mi escenario debería ser una vitrina, y mi casa la caja oscura que envuelves en papel periódico para un trasteo. En todos despierto curiosidad por saber de donde viene tanta ingenuidad, cómo es que la contaminación no me alcanza. Todos desean observar, tocar, entender... Ninguno se atreve.
Y nada de eso es perfección. Más bien es vanidad. Mi lado oscuro. Mi egoísmo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario