Algunas veces pareces no importar, y parece que entiendo que en realidad no vale la pena. Son unos minutos de libertad, los segundos en los que mi mente se ve despejada de ti. Dichoso ese momento de mi día en el que todo parece tan sencillo y mis problemas tan lejanos, cuando te ubicas lejos de lo que me importa y mi pensamiento no te pertenece. Cuando me encuentro contigo en medio de algún recuerdo y puedo pasar por encima de él como si no hubiera significado nada. No te pienso, no te siento. Así como cuando una herida duele tanto que se anula a sí misma y da paso a la insensibilidad. No te siento. Ya no siento. No soy feliz, pero tampoco parece llegar al tristeza.
Pequeño momento, que muere en un minuto y te vuelvo a extrañar locamente y tu ausencia me duele otra vez.
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